El castillo del Rivau se construyó como fortaleza en el s. XV y se adapta para su uso doméstico durante el Renacimiento. Este castillo de la Touraine es una fortaleza inexpugnable a la vez que un lugar de vida agradable. Rabelais, uno de los poetas humanistas más notables de la época del Renacimento francés, en su obra Tragaldabas, señala como propietario del castillo del Rivau al capitán Tolmère, quien lo recibe como recompensa a sus victorias en las Guerras Picrocholines. En 1429, al final de la Guerra de los Cien años, Juana de Arco, acude a Rivau para hacerse con los mejores caballos del rey de Francia, ya que Rivau era un lugar conocido por sus magníficos equinos.